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ANCESTRAL
En el territorio de lo que actualmente es Sinaloa existían varios grupos indígenas. Las características de estos grupos procedían de su adaptación a la región que les servía de asentamiento.
Así, teníamos grupos de cazadores y otros que cultivaban las tierras, así como algunos más abocados a la pesca en los ríos y el mar.
El Sinaloa ancestral estaba, sin embargo, dominado por grupos que habían alcanzado un cierto perfeccionamiento en su intercambio con el entorno inmediato. Estos eran los cahitas, los tahues y los totorames. Los tres se habían vuelto sedentarios y dependían de la agricultura para sobrellevar la dura existencia de entonces.
La parte norte de este Sinaloa milenario era el asiento de los cahítas, habiéndose encontrado restos de su cultura en los actuales municipios de El Fuerte y Choix. El centro del territorio de Sinaloa servía de asentamiento a las tribus tahues, que habían encontrado en la zona de Culiacán suficientes medios de supervivencia.
La porción sur del territorio la habitaban los totorames, que tenían sus linderos desde el río Piaxtla hasta el río Las Cañas.
El Sinaloa ancestral atrajo a otros grupos, como los acaxees y xiximes que vivían en la Sierra Madre, compartiendo rasgos y similitudes en cuanto a la forma de procurarse su alimentación a través de la caza y la recolección de frutos silvestres.
Todos estos grupos practicaban la guerra de forma permanente. Sus creencias eran muy variadas y dependían del nivel de desarrollo alcanzado. Ello explica la gran variedad de objetos de culto, rituales y ceremonias que efectuaban. Sin embargo, los tres grupos más importantes rendían culto al sol y la luna, mientras los más atrasados veneraban tótems.
En lo cultural tenían manifestaciones muy diversas. Los tahues usaban el algodón para confeccionar sus vestidos así como la cerámica ornamentada que ha llamado la atención en la región del noroeste mexicano por su riqueza de trazos. Su principal distracción era el juego de pelota que aún se practica y se denomina, desde entonces, Ulama.
Los totorames eran artesanos y fabricaban una cerámica comparable a la de los tahues; en cambio los cahítas fabricaban una cerámica tosca y de poca utilidad práctica. Estos últimos andaban semidesnudos y se ataviaban con pieles de venado, habiendo alcanzado en el juego de Ulama una destreza admirable.
Todos estos grupos estaban gobernados por cacíques que asumían particularidades acordes a su grado de avance. Esta forma de dominio era más clara en Culiacán, en donde recaía en un tipo de nobleza; los cahítas organizaban lo político en torno a las hechiceros; y los totorames tenían menos definida esta clase de estructura.
Los vestigios arqueológicos del Sinaloa ancestral dan cuenta de su desarrollo cultural. En Chiametla se han encontrado hallazgos de cerámica muy llamativa, destacándose vasijas, machacadores, asientos de barro, orejas, tambores, silbatos, pipas y figurillas diversas; en Guasave se han descubierto grandes ollas con esqueletos y vasijas con cerámica multiforme, entre las cuales sobresalen máscaras, soportes anulares y figurillas humanas y de animales;  en la zona de Culiacán se han hallado vasijas decoradas con bellos colores y objetos de barro como sonajas, silbatos y pipas. 
Fuente:
Texto del libro “Sinaloa, corredor del sol”
Cronista e historiador: Herberto Sinagawa Montoya
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