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GENTE / vida cotidiana
Durante siglos Sinaloa fue un estado minero y predominantemente rural. La época post-revolucionaria produjo cambios notables que imprimieron un gran dinamismo a la región: llegó la agroindustria, la población irrumpió en los valles, aparecieron las ciudades medias como Guasave y Guamuchil y se consolidaron Mazatlán, Los Mochis, Culiacán y Escuinapa; se construyo una red de comunicaciones que nos vinculó con el resto del país, y se creó una creciente y compleja infraestructura productiva y cultural.
La vida urbana dejó atrás las hornillas en la casa, los huaraches como calzado, el caballo y el burro como medio de transporte en las simpáticas carretas; la vaca como fuente nutricia de leche y sus derivados; la leña como combustible; los coricos, melcochas, y los ponteduros como golosinas preferidas; el baile semanal como única diversión; el espectáculo errante del cine de “húngaros”; as pendencias inocentes avaladas por el honor de “ a mano limpia”; el uso del sombrero para la protección del sol; el apoyo de la cantimplora en las jornadas del campo y el café de talega que perfumaba el despertar de los aletargados; la compra a crédito en el tandejón de la esquina; la letanía del vendedor del tesguino y del tepache, y el respeto monacal al núcleo familiar en torno de las figuras materna y paterna.
Lo urbano – lo actual,  significa trajín citadino, ajetreo de un lugar a otro, lucha por abordar un transporte, competir por puestos de trabajo, suplir los artefactos tradicionales como la cachimba de luz melancólica por el agresivo foco electrónico; es la victoria del automóvil, de los productos manufacturados, de la ropa de marca, del glamour de la alta cocina combinada con la cocina regional y el acceso  a los servicios públicos, e hospital para la cura de dolencias, el agua y el drenaje entubados, las calles pavimentadas, el disfrute de parques y jardines, los grandes espectáculos y diversiones en cines y complejos culturales.
El Sinaloa contemporáneo abandonó la parsimonia de a araña jalada por un caballo galgo, por la potencia del vehículo automotor. Pero este Sinaloa es también la canción bravía que se adapta a los ritmos que dicta la vorágine del mundo contemporáneo; es de igual manera, el Sinaloa del tránsito de la mujer recatada y subyugada hacia aquella otra que se multiplica en mujeres varias y protagonistas.
El Sinaloa actual es de vuelo cultural, de poetas que cantan a la ciudad, de danzantes que trascienden fronteras, de músicos que muestran su talento en grandes compañías, de escritores que son orgullo de su solar y de cronistas e historiadores que leen atentamente el devenir de su matria entrañable.

Fuente:
Texto del libro “Sinaloa, corredor del sol”
Cronista e historiador: Herberto Sinagawa Montoya
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